sábado, 20 de julio de 2013

Y del Maestro, esto

El niñito de cuatro años con su pijamita

Como llevo todo el verano atormentando a mis vecinos con uno de los valses postumos-aun no se poner acentos con este artilugio-de Chopin
, que ya conocéis, aquí va mi versión favorita como desagravio


lunes, 8 de julio de 2013

DESPEDIDA PROVISIONAL. CUBUS VERSUS CUBUS seguido de SE DESVELA EL MISTERIO DE CUBUS

APOLOGIA:
 Ay, Cubus, qué sabiduría la tuya dejando todo el protagonismo a la música. Sólo vemos tus manos y eso logra que se vuelvan un arquetipo. En tus videos nada nos molesta, aplausos, imágenes, gente, salas de concierto, interpretes que a menudo no son agraciados o fotos del Renacimiento llenas de satiros y streepers olímpicas.

CUBUS VERSUS CUBUS 

 Dos versiones de un mismo vals ( waltz in A minor, op. psth. Chopin)
de nuestro Cubus. "La primera para su sed, la segunda para su placer"

SE DESVELA EL MISTERIO DE CUBUS

Cubus es practicamente autodidacta. En 1983 comenzó a tocar música electronica a la manera de Tangerine Dream, y también jazz-rock, con un instrumento de tres octavas con el que no podía hacer acordes. En 1984 decidió ir por "el camino correcto" y aprender a leer partituras y dar dos clases de piano a la semana. Aguantó sólo un año ( "vivat Academia, vivat professores,vivat membrum quodlibet, vivant membra quaelibet, semper sint in flore) y  en 1985, abandonó la música.

En  1991 se compró una guitarra española

No volvió al piano hasta el 2005, y se dedicó a estudiar dos horas al día. En julio del 2007 subió su primer video a internet. La primera versión del vals de Chopin es del 2008, reciclada en el 2013- y la última-la de abajo- de este año.

Todo ello no sólo demuestra que es un monstruito y un músico natural excepcionalmente bien dotado, sino que le confiere ese "algo" que lo académico a menudo asesina: la libertad expresiva y la naturalidad.

Esta historia, a mi entender, es un consuelo para todos los amateurs y músicos aficionados. Por eso os la cuento antes de despedirme.




Quería dejar aquí expresado, por si no vuelvo a escribir hasta octubre , que ha sido un grandísimo lujo, un placer y un honor para mí leer vuestros comentarios e iros conociendo a lo largo de este tiempo. Mi gratitud a todos, a los anónimos y a los que dejan su nombre. Gracias por haber hecho el esfuerzo de dejar huella de vuestro paso por mi blog, pues eso es lo que lo mantiene con vida.











domingo, 7 de julio de 2013

DE COMO LOS AUTOMATAS DAN CAÑA A LOS ARTISTAS

Bach alcanzó a conocer el piano en la corte de Federico el Grande y se quedó fascinado. Y seguro que ligó frases con el pedal.

Así que los que acusan a los músicos de usarlo con él a mi entender son como los puristas del flamenco en España.




Y aquellos que atacan a los músicos que entiende la palabra "andante" como equivalente  a "paso humano"  (y no consideran que"con moto" signifique subirse a una kawasaki, y que por eso optan por tocar a Bach sin la velocidad de una ametralladora ) diciendo que si Bach esto y lo otro como si hubieran comido chucrut con él en Weimar o Leipzig cada tercer jueves del mes, hay que recordarles que el primer movimiento del Concierto de Brandenburgo n.º 3 de Bach no contiene indicaciones de tempo ni de carácter. 

Fíjese usted si le importaba poco que su música fuera interpretada de esta o aquella manera, siempre que se hiciera de forma bella y con  sentido, y no a lo bestia ni a lo "demoníaco" ( esto es, para personal lucimiento del intérprete) Y esto se sabe con seguridad, puesto que afirmó: "Sólo compongo para Dios"

Su música es una oración. Los que la tocan a toda pastilla, soberbios-no hay más que ver qué cara arrogante se les pone-son como las beatas que rezan el rosario express porque se tienen que ir a poner las lentejas.

¿Cómo?¿ Que a Bach se le olvidó escribir las indicaciones en el Concierto de Brandemburgo? Ah, que descuido más tonto.



 Alguien debería explicarles a esas cabezas  hechas con metal reciclado que las indicaciones en las partituras, como en las obras de teatro de Shakespeare,  son sólo orientativas. Y si no ¿qué es un intérprete? ¿porqué no se obvia y se programa con un metrónomo electrónico en un instrumento tocado por un ordenador?

sábado, 6 de julio de 2013

MENDELSSOHN EN EL 36 ( HOMENAJE MUSICAL A BENET V )

 Otra de nuestras partituras para principiantes y aficionados , que puede descargarse gratis en:

 http://www.sheetmusic2print.com/Mendelssohn/Songs-Without-Words/85-1.aspx 

Está interpretada por nuestro amado Cubus, recientemente nombrado pianista de guardia de este santo blog
 
.



El 18 de Julio de 1936 Juan, que  tenía nueve años, estaba tocando a una de las "Canciones sin Palabras" de Mendelssohn. De pronto apareció su hermano Paco, de diez, y lo interrumpió:

-¡ Ha estallado la guerra!¡ Nos la vamos a cargar!

El día 17 de julio por la tarde, Juan y Paco se habían quedado solos en el chalet que su padre tenía en Arturo Soria. El padre, Tomás Benet Benet, y la madre de Juan, Teresa Goitia Ajuria, estaban divorciados desde hacía algún tiempo, según Teresa  porque él era un bala sin remisión.  A tenor del anecdotario que fue desgranando tarde tras tarde en nuestra larga amistad, tenía razones de sobra para haberlo puesto en la rue. Que era un irresponsable lo demuestra el hecho de que dejó a los dos niños, dos pequeños genios de armas tomar-y nunca mejor dicho-sin ninguna vigilancia. 

El caso es que los niñitos se dedicaron, con extrema diligencia, a hacer lo que a menudo los niñitos suelen hacer en esos casos: registrar todo lo cerrado y husmear todo lo prohibido. Indagaron en los cajones y armarios con tanta solicitud y  buena fortuna que fueron a dar con un tremendo pistolón que su padre había comprado por si acaso. Y aún mejor todavía, también se toparon con la caja de municiones de dicho pistolón. 

Como eran tan listos, investigaron, probaron y lograron cargarlo. Después decidieron, llevados del empirismo más científico, comprobar si lo habían cargado bien.  Así que se dirigieron a la terraza para experimentar  allí.

Justo en el jardín colindante al chalet del padre de Juan, había un "Tea dancing", lugar muy de moda en esa época. Cuando los niñitos subieron, el baile estaba en su apogeo, y una multitud de parejas bailaba el fox-trot  al son de una orquestina con gran jolgorio. El jaleo era monumental. Pero ellos, muy dispuestos,  no le prestaron la menor  atención. Lo que hicieron fue verificar que sí, que habían cargado el pistolón muy bien, por el sencillo procedimiento de disparar un par de tiros al aire.

Al cesar el enorme estruendo de los disparos, se hizo el genuino silencio sepulcral. Entonces se acercaron  a ver qué pasaba en  el "Tea dancing" y vieron horrorizados que lo único que quedaba del baile era un violonchelo abandonado  y un zapato de tacón verde en el suelo.


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                     -¡ Ahí va !¡ La que hemos liado! -le respondió Juan a su hermano.

La guerra les encantó, yendo de aquí para allá por tierra y mar:
De la embajada de Finlandia a Valencia, de Valencia a vagar de puerto en puerto por el mediterráneo  en  un barco turco llamado Karadenis, de allí a Malta, de Malta a un convento en Siracusa, del convento, en un barco italiano, a Sevilla, y de Sevilla a San Sebastián.

 Corrieron toda clase de aventuras.

Sin embargo, subyacía el temor de que su madre se enterara de que la guerra la habían desencadenado ellos. Lo llevaron con gran secreto, tanto mientras desfilaban al son de "Somos los hijos de Lenin" como cuando lo hicieron cantando  "Faccetta nera". Y ese pequeño detalle les amargó aquella guerra tan estupenda. Ese, y que su madre no les permitiera llevarse las bicicletas aerodinámicas que les regalaron en Malta unos admiradores entusiastas. 


Tal vez a causa  de esa convicción, una vez colegiados en San Sebastián antes de finalizar la guerra, no pudieron soportar al malvado profesor que los maltrataba  y animaron a todos los niños de su clase a  financiar su ejecución, que ambos planearon con todo lujo de detalles. Total, para quienes han desencadenado una guerra, la eliminación de un repugnante tirano es una pequeñez...

Aunque eso ya es otra historia.















jueves, 4 de julio de 2013

CON CORAZON Y BOCA ( HOMENAJE MUSICAL A BENET IV )

 "Jesu Joy of Man's Desiring",  ( Jesús, alegría de los hombres )

Un tal Myra Hess  hizo la transcripción para piano solo de esta maravillosa y famosísima coral de la Cantata BWV 147, Herz und Mund und Tat und Leben,  ( Con corazón y boca y hechos y vida) una de las favoritas, junto a la BWV 140, de Benet y de todo bicho viviente incluídas  las vacas, que dan más leche si la escuchan,  los gatos, que se acercan en lugar de huir como hacen con Patti Smith, y los pájaros, off course. Ahora mismo, uno se ha apuntado y está acompañando a Lipatti desde el patio de luces.

Benet también la representaba en sus trances y hasta llegaba a arrodillarse traspuesto e imbuído de la fe bachiana



Dinu Lipatti es para mí uno de los pianistas más  refinados del siglo XX.
Murió a los treinta y tres años. He elegido esta perla de Bach, que aporreé en su día, para seguir en la línea de piezas cuyas partituras sencillas sean accesibles a los "amateur".

miércoles, 3 de julio de 2013

HOMENAJE MUSICAL A BENET III ( O MI VIDA CON TODO LUJO DE DETALLES )

 
 La tarde en que, por primera vez, escuché "Winterreisen" cantado por Fischer-Dieskau  fue la primera  en que Juan y yo estuvimos a solas. 

Me telefoneo por la mañana inesperadamente, también por vez  primera y sin haberme pedido previamente mi número, aunque a mí que lo conociera no me extrañó. Ni me lo planteé. En mi inconsciencia general se había insertado la convicción de que Benet lo sabía prácticamente todo  y en esa seguridad engañosa me mantuve largos años, igual que sin saberlo lo consideraba inmortal.

El caso es que por entonces yo ya había estado en su domicilio dos veces. La primera con Eduardo Garrigues -que a la sazón trabajaba en la ONU y al que había conocido poco antes en Nueva York - una tarde en que tendría que haber ido  sola a llevarle un regalo que me endilgó para él el propio Eduardo. 

Recuerdo que lo llamé desde el Café Gijón tras haber  transportado  el  paquete hasta Madrid:
-Verás, tu amigo Eduardo Garrigues te envía un regalo desde Nueva York. Es una botella de whisky de malta.
-¡Ah, excelente!-me dijo- Tráela y nos la bebemos.

No me olvido del pánico que sentí. ¡ Tener que vérmelas con Benet tête à tête! ¡Si lo había estudiado en COU ! 

Lo conocía sólo de una rápida presentación en la calle Génova, con Vicente Molina Foix y Javier Marías.  Parecía temible aquella noche mirándome con gran escepticismo, desde su uno noventa de estatura, como si yo fuera un pigmeo que se hubiera atrevido a mirar a un rey.

De milagro, en la puerta misma del Gijón me encontré a Eduardo, que había tenido que regresar a Madrid con urgencia por un asunto de familia. Intenté deshacerme de la botella y la cita, pero Eduardo se negó.

-Si Benet espera a una bella joven y aparezco yo,  me  va a tirar la botella a la cabeza. Lo único que puedo hacer por ti es acompañarte.

Y allá fuimos, a Pisuerga 7, con la botellita de marras ( ¿quién es Marras?) Tras  saludarnos,  acomodarnos en los sofás, frente por frente, y abrir la botella, lo primero que hizo fue algo que le encantaba hacer con cualquiera que se le pusiera por delante: meterlo en un brete. ( ¿qué es un brete)

Así que, sin mediar palabra, abrió una carpeta y comenzó  a leer un detallado currículum mío, cosa que me abochornó, pues era joven y tímida. Por fortuna, mis logros eran  breves. Después, con aire de inquisidor, me soltó:

-Soy jurado del premio Icaro para jóvenes creadores ¿Consideras  que debería darte mi voto?

"Ante tamaña provocación" se me pasó el bochorno al instante. Es más, me crecí, e impertinente como él, me vengué, cosas todas que a Benet  le encantaba que hicieran aquellos a los que ponía en aprietos.

-¡ No, de ninguna manera!-le espeté con bastante chulería- A mí me van a dar el premio con tu voto o sin tu voto. A quien tienes que votar es a mi amigo Julio Llamazares.

-¿Y porqué debo votar al tal Llamazares?

-¡ Porque le has hundido el pueblo!

Se quedó perplejo.

-Sí. Se lo inundaste con la presa del Porma. Vegamián. Así que lo menos que puedes hacer es desagraviarlo y votarlo. Llamazares va a sentirse mucho más premiado con tu voto que con el premio, que ya se imagina que me van a dar a mí, porque estoy de moda, y ya sabe cómo son  estas cosas...

A partir de ese momento dejó de mirarme como a una pulga infecta. O al menos es lo que yo creí entonces, aunque según la versión de Vicente Molina Foix hubo flechazo el día en que me lo presentaron en plena calle, tras bajar los tres  de su tremenda Daimler Sovereig color crema. 

" La Daimler, en efecto, y no el Bentley, querida Blanca. Una pequeña traición de la memoria. Respecto al flechazo...bueno, sobre eso tal vez yo discrepe. No olvides que tú desapareciste (momentáneamente) al acabar esa noche, pero yo seguí la pista de cerca. "

A Vicente la memoria le traiciona un  poco más aún, pues yo desaparecí en un instante tras la presentación, y seguí mi camino en compañía de un inolvidable periodista amigo de Umbral. Y digo inolvidable puesto que me vi obligada a demandarlo por acoso y me vi envuelta en un juicio, de modo que no me cabe duda. No hubo tal noche, pues. Sin embargo, me halaga o me conmueve, o ambas cosas, pensar que al primer golpe de vista vio algo en mí digno de interés, ya que yo sólo vi en él displicencia. 


En cuanto a la noche de autos, antes de irnos a cenar a un  restaurante de bolsistas al que nos llevó Eduardo, y tras levantar primero una gran expectación y  hacerse de rogar a base de bien, nos mostró con gran misterio la llamada Habitación del Capitán, amueblada con una cama de barco y el pequeño escritorio portátil de un tal "Don Angel Loño", regalado-según rezaba la plaquita de bronce-por un tal Capitán Elphistone donde más tarde pasaría muchas tardes de mi vida perdiendo el tiempo y rompiendo folios

La segunda vez que fui a Pisuerga 7 lo hice con Rosa Hernández Quesada, una de esas noches en que Juan se llevaba a todo lo que aún respiraba a las cuatro o cinco de la mañana por Boccaccio, ya fuera un mejicano borracho, una actriz de escasos medios, un embajador, un factor de estación, un grupo de gentes de letras o los despojos de la madrugada  que hubiera ido sumándose a su círculo de gamberro genial y sin fronteras, que es lo que era de noche cuando soltaba todas las velas de su humor loco y navegaba en la vieja Daimler por Madrid invitando a todo el mundo, llevando al extasis a los camareros con sus suntuosas propinas y haciendo reír sin freno a todo el que se tropezara.

La tarde de Winterreise, cuando me convocó por teléfono,  fue la tercera. 

Me abrió él mismo la puerta, me hizo pasar y me sentó en un pequeño sillón de orejas, se dirigió a su chaise-longue de color mostaza y, mientras me servía un café en un juego blanco y azul de porcelana inglesa, que nos acompañaría durante años,  me espetó:

-Ayer por la tarde vino a verme un caballero para contarme que habías intentado robarle su pistola.

Qué horror. Me quedé sin aliento. ¿Cómo se le había ocurrido a aquel hijo de satanás irse a chivar precisamente a Benet? 

Lo cierto es que por aquel entonces yo sólo quería morirme. Justo cuando muchos me envidiaban porque me habían concedido el Adonais, la crítica me había encumbrado, estaba en todos los medios y tenía más premios que libros. O tal vez por eso, por la saña oculta, que más tarde reveló toda su panoplia y que deseaba mi destrucción. Lease García Montero, Benítez Reyes y todo cuanto poeta  mezquino, a la sazón desconocido e intentando trepar, de mi generación había. Por no hablar de los y las que agarraron mi libro y dijeron: "Esto es un filón" y me fusilaron y echaron de la mina a empujones. Porque del mismo modo que el amor es actuante y salvífico, la envidia es actuante y demoledora, aunque el que lo experimente no sepa de dónde le viene.

También quería morirme por la situación sin salida a la que me había llevado mi novio el Infiel, que me torturaba, como en la copla, impidiéndome tomarlo o dejarlo.

Pues bien,  "en aquellos felices tiempos en que era tan desdichada"descubrí que es muy dificil matarse con pastillas. Siempre pasa algo providencial que lo impide. Eso, o que no era mi hora, aunque lo pareciera.

Me intentaba suicidar con tanta dedicación que un día llegué a mi apartamento y me encontré los cristales de la  galería rotos:  Llamazares y mi primo Enrique,  al ver que no contestaba, se jugaron el tipo saltando desde el piso vecino para rescatarme. Porque era sabido entre mis amigos que, aunque me tomaba las pastillas, en mi colocón tenía la inercia de abrir la puerta si llamaba alguien, aunque fuera arrastrandome inconsciente. Así que, como tenía muchos amigos preocupados que venían a verme, por lo general me suicidaba y amanecía en un hospital,  con Federico, por ejemplo, o con mi primo Enrique.

Mi segundo libro, Báculo de Babel,  lo escribí en una de esas noches fatales a modo de testamento . Luego lo corregí. Y para "El sueño oscuro"lo volví a corregir, pues ya no creía en la muerte. Tanta muerte sin victoria había bebido ya entonces que una sujeta me pidió el original para hacer una tesina en Francia, lo fotocopió una y otra vez hasta extraer el texto original, y luego me puso verde diciendo que me creía Jesucristo. No, guapa. O mejor dicho, no, espantosa mujer. No me creía Jesucristo: estaba crucificada en un martirio real. No hacía literatura con la muerte: moría. Así que vete a tesinar a otra parte.

Cuando escribí ese libro que hoy podría llamar, dados los mil años transcurridos, veterotestamentario,  no había nadie en perspectiva que pudiera acudir. Lo planeé muy bien. Con la astucia del loco. Pero no conté con el factor Dios. Entonces nunca contaba con el factor Dios. Y sin embargo, ahí estaba. Un amigo ex-yonki de La Coruña, de camino a las Alpujarras para rematar su redención, se presentó a mi puerta. Quién habría podido imaginarlo. Por cierto, en recompensa por salvarme una vida que yo no quería, y para no perder del todo las malas costumbres, me vendimió una cazadora azul.

De modo que cuando conocí al conde que presumía de haber estado en la OLP y que guardaba en su casa, en un cajón, una pistola que me mostró, vi el cielo de la muerte abierto.

La mañana del día anterior a esa cita con Benet, me personé con naturalidad en casa de dicho conde, a donde había ido más de una vez, y le pedí un vaso de agua para poder acceder al arma. Nada más abrir el cajón, el conde, que se había deslizado detrás de mí como un gato, me cogió por los hombros y gritó:

-¡ Te cacé!¡ Sabía a lo que venías !¡ Vi cómo la mirabas y la escondí!.

Cuando Juan, por el que yo sentía un respeto y un temor reverencial infinito, me soltó a bocajarro lo de la pistola , me abochorné hasta el último rincón de mi alma. Y eso que aún no sabía que su primera mujer, Nuria Jordana, se había suicidado.

                                   -Ahora-continuó mientras yo me hundía en mi asiento deseando desaparecer-vas a quedarte ahí y escuchar.

Estuvimos una hora, trece minutos y veintisiete segundos en silencio. Al terminar, recuerdo que exclamé con absoluta convicción:

-Esta música ha cambiado mi vida.

Entonces, con su mirada más verdadera y dolorida y profunda,   dijo:

-Estoy tan solo...



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NOTA BENE: Mi eterna gratitud a Federico, a mi primo Enrique, a Llamazares, a Agustín, al conde, a los médicos, a mi padre, a mi madre, a aquel auxiliar de clínica que robó la cinta de un camisón azul para que pudiera atarme el pelo en la UBI, y a todos aquellos que me ayudaron a no morir cuando intentaba destruir mi vida en tiempos de sufrimiento lacerante. Y en especial a Juan, que logró conmigo lo que intentó con Nuria Jordana y no pudo, pese a todos sus esfuerzos hercúleos durante largos años, conseguir.





martes, 2 de julio de 2013

SCHUBERTIANA ( HOMENAJE MUSICAL A BENET II )

Vals Kupelwieser.

El vals  Kupelwieser era para Benet una pieza tan especial que llegó a incluir su partitura al final de una de sus novelas, "Un viaje de invierno" ( titulada así precisamente como homenaje al "Winterreise" schubertiano )

El vals fue un regalo de boda de  Schubert a su amigo Leopold Kupelwieser. Un regalo improvisado que jamás escribió y que se perpetuó de oído en la familia Kupelwieser hasta que muchos años más tarde uno de sus miembros conoció a Richard Strauss y le pidió que lo transcribiera. 



Si hubo un músico al que Juan adorara sobre todo lo divino y lo humano, ese fue Franz Schubert. A menudo su música le transportaba tanto que entraba en trance y representaba un quinteto o un trío con sus geniales dotes teatrales y con su enorme imaginación de tal modo que llegabas a ver al músico transportado también. 


Aparecían los padecimientos materiales, la portera que le exigía el alquiler, la amada que le rechazó, la sífilis y también la aflicción del alma del músico remontando todo aquello, como un ruiseñor macho que, aún herido, lanza su canto poderoso a los pueblos celestes.  No sé si Schubert , desde su alto nido de el paraíso de los músicos, habría podido añadir una coma al relato benetiano de su pasión. 

El scherzo de este trío, que para sí hubiera querido Beethoven, y que, por cierto, esta escrito tras la muerte de éste,  le asombraba. A mí también. Es de una belleza arrebatadora.

 Lástima que en esta versión haya que escuchar en el arranque el diálogo de Barry Lyndon. Y que quede inconcluso. El blog no me permite instalar otro.






lunes, 1 de julio de 2013

LAS CONDICIONES DEL PAJARO SOLITARIO


Las condiciones del pájaro solitario son Cinco: la primera  que se va a lo más alto


 
 La segunda, que no sufre compañía, aunque sea de su propia naturaleza
La tercera, que pone el pico al aire


                       La cuarta, que no tiene determinado color
 
                              La quinta que canta suavemente
«Dichos de luz y amor»    San Juan de la Cruz