martes, 14 de junio de 2016

CONTRA EL PUOO.

No puoo soportarlo más, ese puoo.

No es que no quiera, es que de verdad no puoo

Mi prima S. me inició en el quizir, al que no había detectado de una manera consciente y que también es atacante hasta más allá del honor y el deber.

De modo que no puoo, de verdad, quizir, si pudiera lo soportaría, pero  juro que no puoo.


PUEDO. QUIERO DECIR. ¿SON TAN DIFÍCILES DE PRONUNCIAR?

























viernes, 3 de junio de 2016

Para María Jesús Paradela de Coles, un poema de Alvaro Cunqueiro

Un poema de nuestro amado Alvaro Cunqueiro para María Jesús, que miraba el mundo amorosamente, como es debido.



CANDO SE FINA UN HOME

Cando se fina un home, morre unha cidade
Vaise il, pro non soio.
Leva soños, verbas, desexos que foron bicos,
tristuras, amistades, grandes risadas. Todo isto
no fardelo que lle foi dado.
Pro tamén leva outros:
o aroma de aquel recuncho, aquela hora
de sol de inverno na praza, a fonte
sob os plátanos, o cheiro de mel da confitería, uns
bos días, señora Pepa!, i-ela sorrindo, gorda;
a discusión no Comité: ¡eu estou pola
mellora do gado mouro!Non sabía por que.
Il amaba unha certa paisaxe, unha certa
forma das estrelas, i-as herbas, i-o canto do galo,
unha certa voz nos homes, i-unha color nas vacas.
I-a cidade-o mundo-decía: Mijail estame vendo tamén.
E seguía, seguían as horas, as estaciós, os séculos.
O mundo, porque alguén o miraba, seguía indo.
Pro un día calisquer cen Mijail morren
i-o mundo acaba, perdido, soio, sin que ninguén o olle
amorosamente, como é debido

  
(firmado como el rumano Decio Arveanu y supuestamente traducido al gallego por A. Labrada.)


CUANDO UN HOMBRE SE ACABA


Cuando un hombre se acaba, muere una ciudad.
Se va, pero no sólo.
Lleva sueños, palabras, deseos que fueron besos,
tristezas, amistades, grandes carcajadas. Todo esto
en el hatillo que le fue dado.
Pero también lleva otros:
el aroma de aquel rincón, aquella hora
de sol de invierno en la plaza, la fuente
bajo los plátanos, el olor de la miel de la confitería, unos
¡buenos días, señora Pepa ! y ella sonriendo, gorda;
la discusión en el Comité:¡ yo estoy por la
mejora del ganado negro! No sabía por que.
El amaba un cierto paisaje, una cierta
forma de las estrellas, y las hierbas, y el canto del gallo,
una cierta voz en los hombres, un color en las vacas.
Y la ciudad-el mundo-decía: Mijail me está viendo también.
Y seguía, seguían las horas, las estaciones, los siglos.
El mundo, porque alguien lo miraba, seguía siendo.
Pero un día cualquiera cien Mijail mueren
y el mundo acaba, perdido, solo, sin que nadie lo mire
amorosamente, como es debido.